La Silla Rota
La recuperación de la cobertura selvática que Tabasco ha perdido durante décadas podría tardar hasta 100 años, debido al nivel de deforestación y a la complejidad de restablecer un ecosistema completo, advirtió la investigadora de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), Ofelia Castillo Acosta.
En el Octavo Foro de Regeneración de Selvas, Acahuales y Áreas Naturales Protegidas y el Segundo Foro Internacional de Regeneración de Selvas en América Latina, la especialista señaló que gran parte de la pérdida de la superficie selvática original fue consecuencia de programas gubernamentales que impulsaron actividades agropecuarias en regiones como La Chontalpa y Los Ríos, siendo uno de los procesos de mayor impacto el que ocurrió en los setenta con el Plan Balancán-Tenosique, que provocó la deforestación de la última selva alta perennifolia que permanecía en esa zona para dar paso a programas de ganadería.
Castillo Acosta estimó que cerca de 95 por ciento de la superficie selvática original de Tabasco fue deforestada, por lo que recuperar las condiciones de una selva madura requeriría detener las actividades que impiden su regeneración y permitir que el ecosistema se recupere de manera natural.
“Si queremos una selva, el 95 por ciento que se deforestó, deberíamos de detener todo y dejar que se empiece a recuperar, tardaríamos aproximadamente 100 años”, sostuvo.
La investigadora aclaró que la reforestación es positiva, pero debe estar respaldada por investigación científica que permita determinar qué especies tienen mayores posibilidades de establecerse y desarrollarse de acuerdo con las características de cada terreno.
Además, destacó que la recuperación de una selva no depende únicamente de los árboles, sino también de la fauna silvestre, a la que calificó como “jardinera” de estos ecosistemas.
Explicó que monos, aves, murciélagos, insectos, zarigüeyas y roedores participan en la dispersión de frutos y semillas, contribuyendo a la regeneración natural de la vegetación.
Como ejemplo mencionó al jobo, cuyo fruto constituye una fuente de alimento para murciélagos, ratones, zarigüeyas y monos durante la época de estiaje, por lo que su presencia ayuda a mantener la biodiversidad.
No se trata solo de sembrar árboles
Por su parte, Wilfrido Miguel Contreras Sánchez, secretario de Investigación, Posgrado y Vinculación de la UJAT, señaló que los programas de restauración deben ir más allá de plantar árboles.
“Claro, el tema no es solo sembrar. Hay que cuidar y hay que estar asegurándonos que no le falte agua a lo que sembramos”, afirmó.
El académico enfatizó que también es indispensable seleccionar especies nativas y adecuadas para cada ecosistema, pues una planta atractiva por su floración no necesariamente cumple una función importante dentro de la selva.
Advirtió además sobre la introducción de especies provenientes de otras regiones o países, debido a que pueden no formar parte de la vegetación característica del sureste mexicano.
Contreras Sánchez destacó que Tabasco conserva actualmente alrededor de 5 por ciento de la superficie selvática que llegó a tener, pero consideró que todavía existe la posibilidad de recuperar parte de estos ecosistemas mediante acciones de restauración, conservación e investigación.
Añadió que la cubierta vegetal es fundamental para disminuir el riesgo de inundaciones, ya que permite retener el agua en las zonas altas y evitar que grandes volúmenes desciendan rápidamente hacia las planicies tabasqueñas.
“Hay que contener el agua allá arriba, y lo que hay arriba es selva. Entonces, necesitamos apoyar la reforestación para que la retención de agua en las zonas altas de Chiapas y de Tabasco nos permita que las avenidas de agua no sean tan fuertes”, señaló.
El secretario de la UJAT también resaltó la función de animales como aves, tlacuaches, tortugas y otras especies en la dispersión de semillas, así como la necesidad de proteger la vegetación ribereña.
Como ejemplo de restauración, mencionó los trabajos de recuperación del manglar en Huimanguillo, donde se busca utilizar semillas de plantas adaptadas a las condiciones de agua dulce del río San Pedro.
Durante el primer día del foro participaron los investigadores colombianos Edwin Leonardo Ramos, de Unitrópico, y Andrés Felipe Ardila, quienes abordaron temas relacionados con restauración ecológica y resiliencia comunitaria.

