La Silla Rota
El Congreso de la Ciudad de México cuesta un total de mil 886 millones 30 mil 510 pesos, el segundo más caro a nivel nacional, mientras mantiene sesiones “de hueva”, como calificó abiertamente la diputada Daniela Gicela Álvarez Camacho durante la transmisión de la Comisión Permanente celebrada el miércoles 12 de agosto de este año.
Las discusiones legislativas están marcadas por un clima de polarización retórica entre el oficialismo y la oposición, así como el cruce de insultos y descalificativos entre quienes cobran decenas de miles de pesos al mes y deberían discutir, expedir y reformar las leyes aplicables a la Ciudad de México.
Esto se ha vuelto más aparente desde que el pasado 2 de junio inició el segundo receso del Congreso y la Comisión Permanente comenzó actividades, las cuales se extenderán hasta el 31 de agosto. Cada una de estas sesiones cuesta más de 200 mil pesos, solamente tomando en cuenta el sueldo de cada legislador.
La dinámica de las diez sesiones llevadas a cabo hasta ahora está caracterizada por el uso de etiquetas descalificativas como “Cártel Tinaquero”, “carroñeros” y “gobierno mediocre”, al mismo tiempo que temas críticos como el mantenimiento del drenaje ante las inundaciones, la seguridad en las zonas de despojo y la atención a víctimas de violencia familiar han quedado postergados.
A pesar del florido lenguaje y cruce de señalamientos de los diputados, el poco interés que generan las sesiones del Congreso local, y más aún la Comisión Permanente, es aparente en las pocas vistas que acumulan sus transmisiones en vivo y videos.
Eso sí, cada legislador cobra decenas de miles de pesos al mes, sin contar sus prestaciones, por sesionar de esta manera.
Tan solo en la sesión “de hueva” el salario mensual neto de los 20 diputados que tomaron asistencia suma 1 millón112 mil 180 pesos.
Considerando que en agosto solo habrá cinco sesiones de la Comisión Permanente, la del día 12 llevada a cabo de manera virtual costó 222 mil 436 pesos, si se toma en cuenta únicamente el agregado de salarios de cada diputado que sí atendió y dividiéndolo por el número de sesiones a realizar.
“Somos, con mucho respeto lo digo, de hueva”, afirmó la diputada Daniela Álvarez durante aquella costosa sesión en medio de una discusión por el punto de acuerdo presentado por el Partido Acción Nacional (PAN), el cual exhortaba a la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la capital a atender la distribución de droga y la situación de personas en situación de calle en el Parque Lira, alcaldía Miguel Hidalgo
Diputados de Morena, como Cecilia Vadillo y Ángel Tamariz, se manifestaron en contra del punto de acuerdo, argumentando que la alcaldía Miguel Hidalgo- gobernada por el PAN- era la responsable de las luminarias y el patrullaje preventivo que faltaban en el parque, y acusaron a la oposición de intentar “lavarse la cara” ante su propia ineficiencia
Al tomar la palabra, la diputada Daniela Álvarez expresó su frustración ante lo que consideró una falta de altura política por parte de sus colegas, ligándola con la poca audiencia que atraen las transmisiones del Congreso local.
“Empezaría por pedirle una disculpa a nuestra audiencia, a las 5 personas que se conectan, me queda que tiene toda la lógica del mundo, la verdad es que somos, con mucho respeto lo digo, de hueva, no es posible que por una parte estés de acuerdo en la coordinación, pero sólo porque lo propuso una diputada panista, vamos a votar en contra porque somos pequeños, porque no tenemos la altura de miras”, expresó.
La figura de proposición con punto de acuerdo es la herramienta principal de los legisladores en la Comisión Permanente. No obstante, de las casi 200 presentadas, la mayoría, 129, terminaron en el congelador al no alcanzar consenso. Tan solo 47 fueron aprobadas como de “urgente y obvia resolución”, funcionando mayoritariamente como llamados a la acción o informes a alcaldías y dependencias del Ejecutivo.
Ausentismo e “incorporaciones tardías”, pese a sesiones virtuales
Aún cuando solo ha habido diez sesiones de la Comisión Permanente, el ausentismo ya provocó afectaciones a la labor legislativa.
Un análisis de las actas de asistencia y versiones estenográficas de las diez sesiones ordinarias celebradas entre el 10 de junio y el 12 de agosto de 2026 revela un patrón de ausentismo que ha derivado en la parálisis de votaciones y el retraso de la agenda legislativa
A lo largo del trimestre analizado, la asistencia se ha mantenido en una zona gris, donde las “incorporaciones tardías” son la regla y no la excepción, pese a que las sesiones suelen llevarse a cabo de manera virtual.
De acuerdo con el cruce de las listas del sistema electrónico y las votaciones nominales de viva voz, tres legisladoras encabezan la lista con el mayor número de inasistencias, acumulando tres faltas cada una: Diana Sánchez Barrios y Judith Vanegas Tapia, ambas de Morena, y Tania Nanette Larios Pérez, coordinadora del Grupo Parlamentario del PRI.
En un segundo nivel de inasistencia se ubican los diputados Jesús Sesma Suárez (PVEM), con ausencias el 17 de junio y 1 de julio, pese a ser Presidente de la Mesa Directiva.
El ausentismo ha tenido repercusiones tangibles. Durante la sesión del 1 de julio de 2026, mientras se sometía a votación nominal un exhorto al Instituto Electoral local sobre las prerrogativas del PRD, el tablero registró apenas 7 votos de los 13 necesarios para validar el acto. Ante la evidente falta de quórum, la Presidencia se vio obligada a levantar la sesión de manera prematura, dejando asuntos pendientes que tuvieron que ser reprogramados para la semana siguiente.
Además de la parálisis de votaciones, el análisis de las diez sesiones revela una cultura de “incorporaciones de viva voz”. Es recurrente encontrar casos donde diputados como Elizabeth Mateos, Brenda Ruiz o Cecilia Vadillo no aparecen en el registro electrónico inicial, pero se integran minutos u horas después para participar en debates específicos

