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“Pensé que nunca volvería a verlo”: tras más de 20 años, adultos mayores de Hidalgo viajan a EU para reunirse con sus hijos

“Pensé que nunca volvería a verlo”: tras más de 20 años, adultos mayores de Hidalgo viajan a EU para reunirse con sus hijos

La Silla Rota

A las cinco de la madrugada del domingo 26 de julio, comenzaron las despedidas para emprender su nuevo viaje, para encontrarse y poder abrazar a sus hijos e hijas después de dos décadas de solo poderlos ver por una pantalla de teléfono o de escuchar su voz cada semana. Todos cargaron solo lo indispensable: una pequeña maleta, el itacate para el camino, su pasaporte mexicano y su visa estadounidense.

La calle Canal, donde se ubica la dirección de Atención al Migrante en Pachuca, fue testigo de las despedidas. Algunos llegaron desde Actopan, Cardonal, San Salvador e Ixmiquilpan en taxis y combis contratadas durante la madrugada, pero todos fueron acompañados por hijos, hermanos o nietos que los abrazaban antes de partir y les dieron la bendición para su travesía.

No eran turistas, eran 28 adultos mayores hidalguenses que emprendieron un viaje con un solo propósito: volver a abrazar a los hijos que emigraron a Estados Unidos hace más de 20 años en busca de una mejor vida.

Para varios de ellos sería también la primera vez que conocerían a sus nueras, yernos o nietos, a quienes únicamente habían visto a través de videos, fotos y llamadas.

Ya montados en el autobús, dos abuelitos eran buscados por una niña pequeña con lágrimas en los ojos. Ellos la saludaron de vuelta y el camión partió hacia el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Las despedidas también son un reencuentro
Mientras los adultos mayores iniciaban el viaje, sus familiares permanecieron unos segundos contemplando cómo el autobús desaparecía entre las calles de la bella airosa.

Cándida, una vecina de San Salvador, acudió para despedir a su madre, María Vázquez, quien viajó para visitar a dos de sus hijos establecidos en Las Vegas. Uno emigró hace aproximadamente 30 años y el otro hace 25.

“Estoy muy contenta de que mi mamá vaya a verlos después de tantos años”, expresó.

Aunque la alegría predominaba, también reconoció que, por la falta de oportunidades en el país, los jóvenes migran lejos de su familia, pues ella misma tiene una hija viviendo en la ciudad de Chicago, en Illinois, desde hace 19 años.

Doña Cándida confió en obtener una visa para poder visitarla próximamente. “La extraño mucho. Quisiera estar a su lado”, finalizó.

“No lo he abrazado, eso me falta”: mamá actopense
En el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, mientras esperaba abordar el vuelo con destino a Las Vegas, María del Socorro, originaria de Actopan, intentaba contener la emoción.

Hace exactamente 20 años vio partir a su hijo Carlos. Recuerda aquel día como una despedida triste, aunque entendía que buscaba mejores oportunidades.

“Se fue por un futuro mejor para él. Pensábamos que iba a regresar pronto, pero allá hizo su familia. Conoció a su esposa, nacieron mis nietos y hace 20 años que no lo veo”, relató.

Durante todo ese tiempo las videollamadas ayudaron a mantener el contacto, pero nunca pudieron sustituir un abrazo.

“No es lo mismo… no lo he abrazado”, dijo con la voz entrecortada y contó que además de reencontrarse con su hijo, la señora Socorro conocerá personalmente a su nuera y convivirá por primera vez con sus nietos.

Antes de abordar el avión agradeció que existan programas de reunificación familiar y dijo: “Ojalá sigan haciendo esto para que más gente pueda reunirse con sus hijos y con sus nietos.”

Dos décadas esperando el reencuentro
Entre los pasajeros también viajaba Odilón Procuro junto con su esposa, ambos originarios de Cardonal, para reencontrarse con sus hijas, a quienes tampoco veía desde hacía aproximadamente dos décadas.

Algunos de sus nietos ya los conocían, pero otros únicamente sabían de ellos por fotografías y llamadas.

“Ya vamos a conocer a toda la familia”, comentó sonriente antes de ingresar a la sala de abordar.

Su respuesta fue breve, pero suficiente para resumir el sentimiento compartido por todos los viajeros: después de tantos años, el tiempo de espera finalmente terminaba.

“Pensé que nunca vería a mi hijo de nuevo”: Daniela
Cuando el hijo de doña Daniela salió de su casa de Mixquiahuala hace 25 años, ella pensó que no lo volvería a ver en persona de nuevo, pero ese pensamiento cambió cuando se enteró del programa y que ella podía viajar a verlo.

Aferrándose a sus documentos y una bolsa pequeña, la hidalguense confesó estar contenta por su viaje de reencuentro.

“Estoy muy bien, (¿Usted pensó que podría llegar este momento?) No. Nunca pensé, pero gracias a Dios ya llegó. Cuando se fue mi hijo, entonces pensé que ya no lo iba a volver a ver”, expresó.

Asimismo, consideró que después de 25 años de su hijo ya no lo conoce, pero a sus 67 años espera tener tiempo para convivir con él nuevamente “pronto voy a estar allá con él”.

Del mismo municipio, viajaron dos consuegros, ambos buscaban visitar a su familia, pero en especial ella fue a ver a su hijo y él a su hija. La pareja se conoció en Progreso de Obregón y hace 25 años decidieron mudarse a Estados Unidos para tener una mejor economía.

La señora recordó que estos años fueron de “mucha preocupación” por saber cómo estaban “que estén bien. Se acuerda uno”, dijo con la voz cortada y desviando la mirada, por lo que adelantó que abrazarlos sería lo primero que haría al ver a su hijo.

“Estamos emocionados. Contentos de ir a buscarlos”, expresaron en conjunto y contaron que sus nietos los visitaron con frecuencia a lo largo de estos 25 años.

Ambos dijeron estar contentos por conocer otro país “porque nosotros de ahí donde estamos no salimos… ya estando allá ellos sabrán a dónde nos llevan, a dónde, qué vamos a conocer”.

Finalmente, agradecieron a la Federación de Hidalguenses en Las Vegas, Nevada, por ser el vínculo entre los migrantes, familias y autoridades para poder realizar los viajes, “sin ellos no se logra”. En cuanto al trámite, consideraron que fue rápido, pese a que tardaron entre uno y dos años en obtener el visado para poder viajar.

Un trabajo que comienza meses antes del viaje
Detrás de cada reencuentro existe un proceso que puede tardar meses, explicó Judith Alicia Martínez de la Peña, enlace de la Federación Hidalguense, quién realizó el acompañamiento.

La hidalguense mencionó que su labor consiste en asistir a los adultos mayores durante todo el procedimiento, desde la integración de documentos, las entrevistas consulares hasta irlos a dejar al aeropuerto. En el caso de personas indígenas, también funge como traductora del hñähñu al español.

Cuando las visas son autorizadas comienza la coordinación entre la Federación Hidalguense en Estados Unidos y las familias migrantes para planear el viaje de los adultos mayores.

En lo que va de este año, 250 personas viajaron a través de este programa de Reunificación Familiar Raíces Hidalgo, de acuerdo con los datos de la Dirección de Atención al Migrante en Hidalgo. Se dio a conocer que la mayoría de beneficiarios provienen principalmente del Valle del Mezquital, aunque también de municipio pertenecientes a la Sierra Otomí-Tepehua, la Sierra Alta y el Valle de Tulancingo.

Judith expresó que los hijos organizan la recepción de sus padres y cubren los gastos del viaje dentro del país norteamericano, mientras que la federación realiza la logística sin cobrar por el servicio.

Aseguró que, después de tantos años participando en estos viajes, se sigue emocionando al presenciar cada reencuentro. En total, ella ha acompañado y despedido a siete grupos, calculó.

“Hay personas que tienen hasta 30 años sin ver a sus hijos. Cuando se abrazan, es una satisfacción muy grande porque todo este trabajo es servicio social”.

Paradójicamente, ella también vive una historia de separación, pues su esposo y sus hijos radican en Estados Unidos desde hace casi seis años.

A sus 51 años espera que, cuando cumpla 60, también pueda convertirse en beneficiaria del programa y reunirse con ellos.

El vuelo de los abrazos pendientes
Mientras el avión despegaba rumbo a Las Vegas, atrás quedaban las despedidas y los nervios. Del otro lado de la frontera los esperaban hijos que ya peinan canas, nietos convertidos en adolescentes o adultos y familias que, durante décadas, solo existieron a través de una pantalla.

Porque para estos 28 adultos mayores el verdadero destino nunca fue Las Vegas, sino el abrazo que llevaban esperando toda una vida.

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