El dañó está consumado. Por más que Guadalupe Taddei, todavía presidenta del INE, se haya echado un rollo sobre la democracia y la historia democrática del Instituto sobre los comicios del pasado, la imagen del órgano electoral ha quedado pisoteado, vilependiado.
El sistema político actual en solo tres años destruyó lo que la ciudadanía exigió desde 1997 de que fuera ciudadano y democrático.
El INE, dígase lo que diga, cayó en las garras de la corrupción. Sí, en aquella que tanto quiso comprobar AMLO a Lorenzo Córdova Vianello, extitular del INE, a quien le buscó hasta debajo de las piedras, sin poder demostrarle nada.
La gran pregunta será, si quién la reemplace, viniendo de nuevo de Morena, tendrá los arrestos de integrarse a la operatividad de un INE que garantice imparcialidad, transparencia y democracia al día de la elección. Los meses aciagos ya empezaron.
A siete meses de los comicios, México estará en el ojo del huracán.

