El trabajo de Veolia es, por decir lo menos, cada día una porquería y un dolor de cabeza para la población en Tuxtla Gutierrez, debido al hedor que generan los desperdicios que se riegan en los contenedores rebasados al no tener un servicio de recolección de basura eficiente.
En las colonias de la zona norte oriente, los camiones recolectores brillan por su ausencia. La acumulaciom de desechos es cada día que pasa un problema de salud pública para quienes habitan cercanos a los recipientes acumuladores de los desechos, mismos que tienen al menos cinco días que no pasan a realizar su labor de recolección.
A esta situación agréguese la labor de los pepenadores, que al buscar plástico y cartón, sobre todo, contribuyen al regadero de los desechos, además de que el exceso provoca que los contenedores no puedan cerrarse.
La proliferación de moscos y la pestilencia, contribuyen a que las famosas políticas de salud pública emprendidas por el ayuntamiento capitalino, sean solo un discurso.
Sin duda que el “divorcio” entre la autoridad municipal y Veolia, que trae como consecuencia el fin del contrato para 2026, es la principal causa de que la empresa recolectora no se preocupe por cumplir al cien por ciento con su responsabilidad.
Si así son las cosas, qué mal se encuentra el Ayuntamiento de Tuxtla Gutierrez, que no exige el cumplimiento del contrato a cabalidad, como fue signado desde un inicio por el ex presidente Carlos Morales Vázquez, el ganón, por cierto, de este millonario convenio realizado en los seis años que estuvo como alcalde capitalino.
Por lo pronto y como siempre, a la población le toca bailar con lo peor.

