Alfabetizar es amar
“A mí lo que me ha salvado son los libros que he leído, de todo, pero principalmente, de la soledad… Si tienes un libro, nunca vas a estar solo”.
Joaquín Sabina
En un hito histórico para la educación, el programa chiapaneco “Chiapas Puede” fue galardonado con el prestigioso Premio de Alfabetización Unesco-Confucio durante la celebración global del 60.º aniversario del Día Internacional de la Alfabetización en San Juan Chamula.
Bajo la conmovedora premisa de que “El pueblo alfabetizó a su pueblo”, esta iniciativa logró que casi 250,000 personas de comunidades rurales y pueblos originarios aprendieran a leer y escribir en solo dos años.
El reconocimiento internacional de la UNESCO no sólo celebra la reducción del analfabetismo a nivel nacional, sino que dignifica la labor de los asesores comunitarios bilingües, transformando la realidad social de Chiapas al abrir los ojos de miles de ciudadanos hacia el conocimiento y el ejercicio pleno de sus derechos.
El programa gubernamental «Chiapas Puede» representa un paradigma transformador en la educación popular, cuyo impacto comunitario fue distinguido internacionalmente con el Premio de Alfabetización Unesco-Confucio.
Más allá de la instrucción cognitiva de la lectoescritura, este esfuerzo coordinado entre los tres órdenes de gobierno y los pueblos indígenas se consolida como un acto de justicia social y emancipación cultural, devolviendo a los ciudadanos el acceso pleno a sus derechos constitucionales e identidad.
La alfabetización en contextos de alta marginación indígena representaba uno de los desafíos más complejos y urgentes para el Estado mexicano, no sólo como una meta educativa, sino como un prerrequisito indispensable para el desarrollo democrático y la equidad social.
Y justamente, en esta dimensión históricamente, el estado de Chiapas enfrentaba enfrentado rezagos estructurales derivados de la dispersión geográfica y la falta de modelos pedagógicos con pertinencia cultural.
Frente a este panorama, las políticas públicas contemporáneas han tenido que evolucionar desde enfoques asistencialistas hacia estrategias de base comunitaria.
En este escenario emerge el programa «Chiapas Puede», una iniciativa del Gobernador Eduardo Ramírez y encabezado por el Secretario de Educación Roy Mandujano que redefine los métodos tradicionales de enseñanza al involucrar activamente a la colectividad en su propio proceso de emancipación intelectual, un logro que permitió el respaldo y reconocimiento de la comunidad internacional a través de la UNESCO.
En conclusión, el éxito del programa «Chiapas Puede» demuestra que la erradicación del analfabetismo en regiones indígenas no depende únicamente de la asignación de recursos financieros, sino de la legitimidad cultural y la participación activa de la propia comunidad.
El galardón otorgado por la UNESCO no debe entenderse como la culminación de un esfuerzo, sino como un precedente metodológico que evidencia que la educación intercultural es la vía más efectiva para resarcir las deudas históricas con los pueblos originarios, transformando las aulas comunitarias en verdaderos espacios de justicia y soberanía social.
Paulo Freire concebía la alfabetización no como una simple de transmisión de conocimientos, sino como un acto de amor, valor y liberación.
No se trata de un sentimiento ingenuo o blando, sino de una fuerza transformadora.
Quien alfabetiza desde esta perspectiva no lo hace por superioridad o caridad, sino por una profunda empatía y respeto hacia la dignidad humana del otro.
PD 1: El gobernador de Chiapas,
Eduardo Ramírez Aguilar, recibió formalmente el Premio Internacional de Alfabetización Unesco-Confucio. Este prestigioso galardón fue otorgado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en reconocimiento al impacto y los resultados del programa estatal “Chiapas puede”.
PD2: El galardón fue entregado en mano por Lidia Arthur Brito, subdirectora general de la UNESCO, contando además con la presencia del titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Mario Delgado, y delegaciones internacionales de más de 38 países.
¿Quién dijo que tengo sed?

