De ballenas y mediación lectora
Texto y foto: Damaris Disner
“El cazador y la ballena”, de Paloma Sánchez Ibarzábal, con ilustraciones de Iban Barrenetxea, de OQO Editora, es de los más recientes libros que el Programa Nacional de Salas de Lectura nos entregó a los mediadores de Chiapas, a través de Elizabeth Montoya y Ramón Mancilla, incansables y gentiles promotores para que dicho material pueda ser disfrutado en todos los rincones de nuestro estado.
Siempre me ha maravillado la manera en cómo la niñez recibe los libros y álbumes ilustrados. Sus ojos se les agrandan y su imaginación es un velero que siempre llega a buen puerto.
La historia de “El cazador y la ballena” es poderosa desde su propuesta textual y visual. Lo que parece ser un monstruo marino es en realidad una pequeña especie, puede ser destruida por el verdadero monstruo que acecha a los mares: El hombre.
El arpón parece que le dará fin a la gran espera de la caza, pero en los ojos de la ballena se esconde el sol que puede cambiar su destino. No es la gran temida sino la gran herida, no ha dejado de sangrar por todas las batallas que enfrenta en su propio territorio.
Es interesante como Atenea y Elisa se interesaban por el bienestar del “gran monstruo” mientras les iba leyendo. Casi suspiran cuando cazador y ballena pueden contemplar juntos las estrellas.
Después de la lectura, hicieron comentarios sobre cómo les había parecido y qué fue lo más relevante para ellas, además hicieron un ejercicio literario. Escribieron una historia inspirada en la ballena utilizando palabras que solo contuvieran sus vocales: A y E.
La dinámica parecía difícil, pero el reto las motivó. Como sugerencias les comenté que podían revisar otros libros para buscar palabras que solo tuvieran esas vocales. Se quedaron sorprendidas al descubrir infinidad. Estamos tan acostumbradas a usar el mismo vocabulario que cuando salimos de nuestro estado de confort, nos bloqueamos.
Siempre procuro que hagan una exploración en dibujos o coloraciones con diversas texturas y materiales para incentivar la escritura creativa. Así que les propuse dibujar la silueta del cretáceo sobre una cartulina de textura y tonalidad llamativa para luego incorporar el texto que escribirían en sus libretas, además de utilizar otros materiales brillosos que a la niñez le encanta, así tendrían la oportunidad de tachar y de volver a empezar las veces que fueran necesarias.
La hora y media apenas alcanzó para escribir. El resultado fue maravilloso. Siempre me siento muy orgullosa de lo que la niñez realiza en ejercicios artísticos. Aquí se los comparto. Y si gustan leer el libro pueden acudir a la Sala de Lectura “Cáscara de Mar” ubicada dentro la Galería Rodolfo Disner.
En tiempos de exceso de rapidez tecnológica, volver a lo orgánico es una hazaña que bien amerita presumir…
El canto
En la mañana la ballena planeará tragar algas del mar.
Nada de algas hay al amanecer.
Nada que tragar.
Se aleja para ver algas para tragar.
⎯ ¡Hay algas para la gran panza!
Salta la ballena.
Eunice Atenea
El ángel y la ballena
El ángel llega a cantarle a la ballena. Canta de parejas separadas -las que antes se amaban-, de estrellas en la mañana, de estrellas en la tarde, de peces en el mar, de cabañas en terrazas; hasta cansarse.
La ballena se levanta en la mañana, nada en el mar hasta pegarle al pez grande. La gente la abraza, la besa hasta tragarse la sal del mar. Se hace de tarde, más le vale saber. La ballena nada a la cama y el ángel le canta de cabañas maltratadas”.
Elisa Alcaraz
Contacto: disner03@gmail.com

