Proceso
Las estimaciones de Gabriela Cuevas Barrón sobre los beneficios de la Copa Mundial quedaron muy por debajo de la realidad. La expanista, hoy incorporada a las filas de Morena, proyectó que México recibiría 5.5 millones de visitantes internacionales con motivo del torneo.
Sin embargo, las cifras de Deloitte y del Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET) contradicen lo proyectado; ambos análisis muestran que ser ciudad sede no garantiza beneficios económicos automáticos y cuestionan el efecto que tuvieron los elevados precios de los boletos.
Cuevas Barrón se ha desempeñado como representante de México para la organización de la Copa Mundial de la FIFA 2026, cargo con el que promovió públicamente los beneficios económicos y turísticos por el evento.
De hecho, fue el pasado 16 de abril de 2026 cuando Cuevas presentó parte de las estimaciones sobre los beneficios económicos de la justa deportiva, partiendo de la premisa de una llegada masiva de visitantes internacionales.
Las estimaciones de Gabriela Cuevas Barrón sobre los beneficios de la Copa Mundial quedaron muy por debajo de la realidad. La expanista, hoy incorporada a las filas de Morena, proyectó que México recibiría 5.5 millones de visitantes internacionales con motivo del torneo.
Sin embargo, las cifras de Deloitte y del Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET) contradicen lo proyectado; ambos análisis muestran que ser ciudad sede no garantiza beneficios económicos automáticos y cuestionan el efecto que tuvieron los elevados precios de los boletos.
Cuevas Barrón se ha desempeñado como representante de México para la organización de la Copa Mundial de la FIFA 2026, cargo con el que promovió públicamente los beneficios económicos y turísticos por el evento.
De hecho, fue el pasado 16 de abril de 2026 cuando Cuevas presentó parte de las estimaciones sobre los beneficios económicos de la justa deportiva, partiendo de la premisa de una llegada masiva de visitantes internacionales.
Sin garantía
Para Deloitte, el Mundial de Futbol 2026 en México fue muestra que ser país sede no garantiza, por sí solo, un retorno económico significativo. El verdadero resultado depende de la capacidad para planear, ejecutar y aprovechar el evento; aspectos que quedaron a deber.
“La diferencia estuvo en la capacidad de anticipar, activar y medir en el momento preciso. México capturó valor, pero también enfrentó límites claros”, recalcó el análisis.
Entre los principales obstáculos, Deloitte destacó los mecanismos de precios dinámicos, que encarecieron la experiencia para los aficionados y terminaron moderando la llegada de turistas.
“El acceso a determinadas experiencias, el costo de los boletos moderó parte de la demanda turística prevista”, reiteró.
La consultora insistió en que los grandes eventos no deberían verse únicamente como espectáculos deportivos, sino como plataformas de activación económica permanente.
“La infraestructura, la movilidad, la hotelería, el transporte, el comercio y la gastronomía necesitan operar con información de alta frecuencia para ajustar precios, inventarios, promociones, rutas, personal y experiencias casi en tiempo real”, reiteró.

