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Édgar, el hombre que busca a su hija y esposa devoradas por el río Ilamatlán de Veracruz

Édgar, el hombre que busca a su hija y esposa devoradas por el río Ilamatlán de Veracruz

La Silla Rota

ILAMATLÁN, VER.- Édgar tiene grabado de memoria la última vez que vio a su esposa Guadalupe y a su hija Allison antes de que fueran devoradas por el río Ilamatlán. Fue a inicios de octubre —el día cinco— cuando las acompañó hasta la comunidad de Chahuatlán, en la Huasteca Baja de Veracruz. Después de un año separados por más de 800 kilómetros, a la “maestra Lupita” le aceptaron un cambio de escuela y ya no estaría a 18 horas de su casa en Naranjos Amatlán sino a cinco. Los tres se despidieron con un fuerte abrazo y prometieron verse el domingo siguiente. Todo era felicidad para ellos, sin embargo la tragedia ya se avecinaba.

Édgar Morales y María Guadalupe Hernández se conocieron por Facebook en 2016; él desde entonces trabajaba en una planta de Coca-Coca, en Naranjos Amatlán, y ella como empleada doméstica en la Ciudad de México. Se enamoraron a primera vista y al año siguiente se casaron. En 2018 llegó su princesa, como llaman de cariño a Allison Guadalupe Morales Hernández. Con gran deseo de superarse y apoyar en los gastos familiares, Lupita terminó su preparatoria y trabajó para pagarse la licenciatura como maestra de primaria.

Hace apenas dos meses, a finales de septiembre, Guadalupe recibió un correo notificándole que su cambio de sede había sido aprobado; ahora daría clases de cuarto y quinto grado en la escuela Benito Juárez, en Chahuatlán, perteneciente al municipio de Ilamatlán. Ella le dio la noticia a su esposo saltando de gusto. Ya no se verían cada fin de cursos sino, con suerte, cada fin de semana. No habría puentes, ni días festivos que no pasarían juntos. Allison cursaría el segundo año en la escuela de su mamá.

En internet, Guadalupe se enteró que en la comunidad donde ahora daría clases la señal telefónica es escasa; por eso rentó la segunda planta de una vivienda a orilla del río. Desde que Édgar las ayudó a instalarse en ese lugar todas las noches su esposa buscaba señal para llamarlo y, cuando la tecnología era bondadosa, se veían mediante videollamadas por la aplicación Zoom.

“Yo perdí contacto con ellas desde el día miércoles 8 de octubre. Estuvimos platicando un rato por videollamada y como que parecía que se iban a suspender clases por las lluvias (…) Me dijo que allá estaba lloviendo y le dije que en Naranjos también. Después se fue la señal y por último me mandó un mensajito donde me decía ‘el nivel del río está creciendo’ y fue todo lo que me escribió”, dice Édgar aún incrédulo de la situación que enfrenta.

El jueves 9 de octubre ya no hubo comunicación y él lo atribuyó a la falta de señal. Pero al día siguiente encontró una noticia en Facebook que lo paralizó, de que había maestras desaparecidas en Chahuatlán y buscaban con urgencia a los familiares de Guadalupe Hernández y Allison Morales. Édgar sintió un cosquilleo en su cuerpo y las manos se le cristalizaron por el frío.

Avisó a sus jefes de su tragedia y le dijeron que por su empleo no se preocupara, que ahí lo iba a estar esperando, y la prioridad era irlas a buscar. El hombre se echó a correr a su casa; salió vestido con un pantalón impermeable color azul con el logo impreso de Coca-Coca, una camisa tipo polo y sus botas industriales. En una mochila empacó con desesperación lo que consideró imprescindible: las actas de nacimiento de sus familiares, sus CURP y sacó del cajero lo que le sobrara de su quincena.

Tomó el primer camión que encontró y salió a buscarlas. Le prometió a su madre, quien no dejaba de llorar, que no regresaría sin ellas. Sin embargo para entonces el estado del Veracruz ya enfrentaba los estragos del disturbio tropical 90-E y, precisamente Ilamatlán era de los municipios incomunicados.

“Yo pude llegar hasta 8 días después a Chahuatlán, llegué un sábado 25 de octubre. Llegué al lugar en donde rentaba mi esposa y las personas me dijeron que se las había llevado el río y desde entonces ando buscándolas”, recuerda el hombre con impotencia. La casa de dos pisos ya había desaparecido.

Pobladores le explicaron que, entre las 7 y 8 de la noche del jueves 9 de octubre, el río Ilamatlán borró por completo toda una hilera de viviendas y arrasó con todo a su paso. No solo eran su esposa y su hija, también estaban desaparecidas la maestra Ancelma Ramírez Hernández, de 41 años, y su madre Lucinda Hernández Domínguez, de 64. Édgar es un hombre reservado y habla poco; sus palabras primero las piensa en su lengua y después las traduce al español. Sin embargo se dijo asimismo que no había espacio para la vergüenza y tenía que alzar la voz para que las autoridades buscaran a las suyas.

Entre los rumores en Chahuatlán se enteró por la gente que ese sábado 25 de octubre llegaría un helicóptero del Ejército Mexicano que llevaría víveres y después regresaría a una base aérea en Poza Rica, donde estaba atendiendo la emergencia la gobernadora Rocío Nahle García. No lo pensó y volvió a echarse a correr. Buscó al capitán de una aeronave de la Guardia Nacional y le contó su preocupación. “Te vas con nosotros”, le respondió el oficial.

Me vio la gobernadora y me dijo que me iba a ayudar
Sin pensarlo Édgar se puso de cuclillas, abrazó su mochila de franela con los documentos, y ocupó su lugar en la nave. Conoció por primera vez el aeropuerto de El Tajín, en Poza Rica. La pista estaba llena de soldados y helicópteros. El ruido, lo aturdía, pero él ya había grabado el rostro de la gobernadora con fotos que buscó en internet y comenzó a buscarla.

“Tuve suerte porque la encontré y ya le platiqué de mi situación y pues me dijo que me iba a estar apoyando en este aspecto de seguirlas buscando, que no solo eran mi esposa y mi hija, pero me programó con los chavos con los que ahora ando”, dice Édgar, al referirse a un equipo de rescate de la Secretaría de Seguridad Pública.

Édgar es una persona de estatura baja y tez morena; de orejas grandes y nariz redonda. Dueño de una mirada imponente; sus ojos negros casi no parpadean y los rodean unas ojeras pronunciadas. Un hombre respetuoso que mira a los ojos cuando habla. Tal vez por eso su caso se implantó en la memoria de la gobernadora Rocío Nahle García, quien en una reciente rueda de prensa desde el Palacio de Gobierno se refirió a su caso. Harían todo por encontrarlas, aseguró.

“Desde ayer están binomios caninos, drones, personal, el esposo de la maestra. Él ya estuvo en la zona, caminó 10 kilómetros, la gente del pueblo no localizó cuerpos. Ojalá estén vivos, son personas no localizadas”, expuso.

Y aunque la propia mandataria morenista sostuvo que el dinero no es ni será problema para atender los daños por el disturbio tropical que dejó 36 muertos y 7 desaparecidos, el presupuesto solo alcanzó para que a Édgar le hicieran un espacio en un albergue de Poza Rica. Ahí duerme por las noches desde el sábado 25 de octubre; en las mañanas, desde entonces, es asignado a una aeronave del Ejército para sumarse a una búsqueda con el equipo de rescate de la SSP. Él es un buscador más. El que camina más rápido que los perros (agentes caninos) y busca cada indicio a lo largo del río que devoró a su amor y a su princesa.

Las extraño todos los días y las voy a encontrar
Son las 11 de la mañana con 8 minutos del lunes 27 de octubre. Una tripulación desciende de una aeronave de la Guardia Nacional a un terreno arenoso con piedras ovaladas junto al río Xoxocapa, en el municipio de Zontecomatlán. “Mis respetos para el chavo —dicen unos policías rescatistas— no ha parado de buscarlas”. Édgar Morales ya es conocido por soldados y policías sin importar el rango. Todos harán lo posible por encontrar a sus dos mujeres. Aunque si esta misión resulta exitosa será por haberlas encontrado muertas.

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