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Chimalapas, cuando la paz no implica conciliación

Chimalapas, cuando la paz no implica conciliación

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Juchitán.— El presidente de los comuneros de Santa María ChimalapaZósimo Hernández, advierte, “para que nadie dude”, que en la ejecución de la sentencia del Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en la zona nororiental de la selva zoque, los ganaderos del ejido Cal y Mayor en Chiapas no tendrán la oportunidad de reconciliarse. “¡Van a tener que irse a otro lado!”

El viernes 12 de noviembre de 2021, un día después del fallo de la SCJN a favor de Oaxaca en la controversia constitucional 121/2012, Agricultores de Cal y Mayor Se concentraron en la plaza pública con el rostro cubierto y armados con fusiles de alto poder, según videos y fotografías que difundieron, rechazaron la sentencia y amenazaron con defender la tierra con su vida.

Según el dueño de la Secretaría de Gobierno de Oaxaca (Sego), Jesús Romero López, antes de que finalice abril se instalará la mesa de diálogo con las comunidades de la zona nororiental de Los Chimalapas, en la que deberán participar comuneros zoques de Chiapas y representantes del gobierno de Oaxaca.

En esa mesa, precisa Zósimo Hernández, “vamos a ratificar que los ganaderos de Cal y Mayor, así como los del ejido Canaán en Chiapas, se reconcilien”.

Ellos, recuerda el líder zoque, tuvieron la oportunidad de reconciliarse entre 1991 y 1993, pero no solo desistieron, sino que animaron a otras comunidades a rechazar la propuesta de Los Chimalapasque buscaba pacificar la zona nororiental.

Cal y Mayor es un ejido del municipio de Cintalapa de Figueroa, Chiapas, que fue creado el 26 de abril de 1971, luego de que Santa María Chimalapa obtuviera su resolución presidencial en marzo de 1967.

Lea también: Gobierno de Chiapas asume compromiso con la legalidad tras fallo en caso Chimalapas

El gobierno federal dotó a Cal y Mayor de 9,200 hectáreas que supuestamente eran tierras nacionales, pero en realidad pertenecían a Oaxaca.

El 20 de abril representantes comunitarios de Santa María y San Miguel Chimalapa se reunieron con la Secretaría de Gobernación (Segob) y representantes de los gobernadores de Chiapas y Oaxaca para acordar la instalación de la mesa de diálogo esta semana.


Además de los 200 ejidatarios de Cal y Mayor, cuyo desalojo exige Los Chimalapas, hay 150 cananeos que se resisten a ser reubicados de 3.900 hectáreas que pertenecen a Santa María.

“Ambos pueblos perdieron la oportunidad de reconciliarse”, reiteró el comisario Zósimo Hernández, sobre los reclamos de los vecinos.

A juicio de Miguel Ángel García Aguirre, del Comité Nacional por la Defensa de Los Chimalapas, el gobierno de Oaxaca debe acompañar a los zoques para que inicien a la brevedad los trabajos de deslinde y deslinde en la delimitación de la zona nororiental para evitar enfrentamientos

Mientras tanto, en la zona oriente de San Miguel Chimalapa, donde conviven los ejidos chiapanecos de Díaz Ordaz, Rodulfo Figueroa, Flor de Chiapas y Ramón E. Balboa con las comunidades zoques de San Antonio y Benito Juárez, la violencia se desarrolla desde hace años. ausente.

“Las familias de las comunidades de Chimalapas se han entrelazado con las de los ejidos de Chiapas, algunos de aquí se han casado con los de allá, y eso ha ayudado a mantener la paz, pero hay que hacer la brecha, por un lado, y por otro, se debe considerar la nulidad”, dice doña María García, activista de San Antonio.

En esta comunidad, avanza, hay un espíritu de conciliación con todos los ejidos, “y esperamos que si procede su nulidad podamos conciliar para que acepten vivir bajo el estatuto comunal de San Miguel Chimalapa y nadie sea desalojado. de sus propiedades. Será un proceso muy duro”, reconoce.

Desde que las comunidades chimalapas rechazaron con firmeza la pretensión del gobierno de Chiapas de crear el municipio Belisario Domínguez en el ejido Rodulfo Figueroa, y tras la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, las relaciones entre los habitantes han mejorado tanto que comparten familias y también necesidades.

“En cuanto a las necesidades, el gobierno de Oaxaca tiene otro gran desafío. Estamos olvidados. No tenemos un buen servicio médico, la educación es deficiente, la vida es precaria y el hambre golpea duramente a todas las familias. Ni siquiera tenemos un buen camino. Cada vez que llueve nos cortan la comunicación”, dice doña María.

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