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¿A dónde vamos a parar?

¿A dónde vamos a parar?

La política del gobierno de brindar apoyo al pueblo queda en eso: en una propuesta política, porque cuando el verdadero pueblo llega a los centros comerciales —cuyos empresarios han convenido acuerdos con la federación para ajustar los costos de los productos de la canasta básica—, simplemente no se respetan.

Este es un ejemplo de ello: el precio del tomate.

El salario mínimo sigue siendo una jugarreta, porque ahora ya ni carne se puede comprar; el precio del kilo ronda los 250 pesos o más. Y menos aún pensar en ponerle tomate a la salsa, porque entonces ya no alcanzaría para comprar el kilo de tortilla, que ronda entre los 22 y 24 pesos.

Pero no sólo hay que comer; también hay que ponerle gasolina al carro, y debe ser Magna porque es más barata -por recomendación presidencial-, o pagar 11 pesos al colectivero, o entre 80 y 100 pesos al taxista. Todo esto sin tomar en cuenta que una familia promedio es de cuatro a cinco personas. Échele cuentas y, sí, como dice la canción popular: ¿a dónde vamos a parar?

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